sábado, 31 de enero de 2009

Crónica: Los guagüeros, en pleno

Gran Canaria

30/01/2009 Actualizada el 30/01 a las 23:34

Las Palmas de Gran Canaria

Crónica: Los guagüeros, en pleno

Javier Darriba
Las Palmas de Gran Canaria

Con los guagüeros nunca se sabe; por eso, con ellos delante, puede pasar de todo. Y ayer era el día propicio para hacerse escuchar: sólo veinticuatro horas después de anunciar el inicio de las movilizaciones contra el expediente que permitirá pasar de la gestión directa -pública- a indirecta -que abre las puertas a la empresa privada; con un pleno en el que se iba a tratar el asunto por obra y gracia de una moción de urgencia presentada por el PP; y a sólo cinco días de la entrevista con el alcalde.

La protesta de ayer fue como el primer paso, la carta de presentación de un colectivo que se siente fuerte con el respaldo de más de medio centenar de organizaciones de áreas como la educación, la justicia y la sanidad.

A las nueve ya se hacían notar. Una fanfarria de pitos daba la bienvenida a cada uno de los concejales que iba entrando al Auditorio Alfredo Kraus. En mitad del ensordecedor ruido de pitos, sirenas y megáfonos, el mensaje silencioso de dos pancartas explicaba bien a las claras su petición:«No más privatizaciones. Guaguas no se vende».

Los viejos rockeros, cuyas canas aún rememoran el conflicto de 1996, sabían que siempre es mejor abrir varios frentes. Así, mientras la protesta se recrudecía fuera, un grupo de trabajadores ascendía la escalinata del Auditorio Alfredo Kraus para asistir como público al pleno. Tranquilamente iban tomando asiento hasta llenar casi por completo el aforo de la sala.

«Esto es sólo el principio», reconocía el portavoz del comité de empresa de Guaguas, Rafael Marrero. Pues si ese fue el primero, el segundo paso fue todavía más sonado. La veintena de trabajadores que estaba dentro del auditorio se levantó en peso al grito de «guagüeros unidos, jamás serán vencidos». La consigna era que los guagüeros gritaran una vez que se hubiera debatido la moción que presentaba el PP sobre Guaguas Municipales. Sin embargo, por una confusión, Santi se levantó de repente y, en mitad del debate sobre la subida de la tasa de depuración del agua, lanzó el grito de guerra. Enseguida el pleno fue un clamor. Y aquellas paredes, acostumbradas a las corcheas y los sostenidos, retumbaron con un do de pecho que llamó «traidores» y «cobardes» a los miembros del grupo de gobierno.

La explosión fue tan repentina que más de un concejal brincó en su asiento, y a algún que otro guagüero apenas le dio tiempo a sacar los folios con los lemas de «Guaguas no se vende».

Los guagüeros fueron desalojados pacíficamente por la Policía Local. Mientras se alejaban, escucharon como música de fondo la increpación del alcalde Jerónimo Saavedra, quien lamentó la falta de educación de algunos colectivos.

Muchos ni siquiera lo oyeron. Por los pasillos del Auditorio, un policía apoyaba la manifestación -«pero si yo también me manifesté ahí fuera»- pero advertía que la interrupción del pleno podía ser constitutiva de delito.

Lo que le faltaba a María Puig, ex concejala y miembro de Izquierda Unida, quien comenzó a recordarle al policía todo lo que hubo que sudar para que discutir en un pleno fuera una cosa normal. Democracia, que se llama. «Nunca tuve que enseñar el DNI para entrar en un pleno», se quejó, «esto ha sido un retroceso en cuanto a las libertades democráticas».

Ya fuera, empezaron a llegar las palabras del alcalde. «Pues a lo que él llama mala educación, yo lo llamo conciencia de clase», dijo Wolfgang Alcántara. Se fueron contentos. Después de todo, había sido una buena jornada para medir sus fuerzas.

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